Llegadas, saltos y visitas · El perro que te sigue a todas partes

no te sigue por cariño: te sigue porque solo tú lo calmas
Seguirte de habitación en habitación, acompañarte hasta la puerta y recibirte con un saludo desbordado forman parte del mismo cuadro.
El trabajo no empieza cuando sales: empieza con pequeñas separaciones mientras todavía estás en casa.
Cuando te sigue, no le hablas ni lo acaricias: te detienes y lo bloqueas con el cuerpo, quieto como una pared, hasta que se siente o se acuesta por su cuenta. Entonces sigues tu camino.
No lo dejes acompañarte hasta la puerta: antes de llegar, lo bloqueas con el cuerpo en silencio y te vas sin despedida.
Su lugar propio va en una zona abierta de la casa, desde donde pueda ver la vida del hogar: no encerrado en un rincón ni en otro cuarto.
Un lugar propio agradable a cierta distancia vale más que cualquier orden repetida.