Llegadas, saltos y visitas · La visita entra sin mirar

el timbre dispara la carrera: la escena se decide antes de abrir
Antes de que la visita entre: se acuerda qué hará. Entra sin mirar, sin hablar y sin tocar al perro.
La visita lo ignora por completo durante los primeros 3 a 5 minutos: ni una mirada, ni una palabra, ni una mano. Pasado ese tiempo y con el perro tranquilo, recién puede observarlo.
Informar a la visita es parte del ejercicio, no una descortesía. Un guion de tres reglas dicho en la puerta —no lo mires, no le hables, no lo toques— evita el 90% del caos. Si la visita ya entró y se puso a saludarlo, el ejercicio de ese día se perdió: no lo corrijas encima del perro.
Prepara distancia, tapete o una separación segura. Nada de carrera directa hacia la puerta ni hacia el cuerpo de la visita.
Cuando el ladrido, el salto y el movimiento acelerado bajan de forma visible, recién ahí se permite observar u olfatear.