Miedo, calma y recursos · Cuando el gato no baja
quién empieza la escena

Sisear, golpear con la pata o quedarse en alto suele ser respuesta al acercamiento impulsivo del perro, no el origen del problema.
El gato deja de confiar justamente por esa impulsividad. Quien cambia la escena es la persona: se hace cargo y no deja que el perro descargue su excitación sobre el gato.
Primero se pide calma; después se permite oler. Oler es lo que el perro quiere, así que oler en calma es la recompensa.