Casa, visitas y recursos · Plato y recursos

sube el plato y mueve el sitio
Gruñir en el plato no es maldad: es desconfianza. Ha aprendido que la mano que se acerca viene a quitar.
Con el plato en el suelo se pone encima: patas por delante, pecho bajado, tapando la comida con el cuerpo. Esa postura ya es defender.
Sube el plato a la altura de su morro, en un soporte estable que no resbale. Así solo llega con la boca: no hay nada que cubrir. Si come demasiado rápido, un plato laberinto.
Cambia de sitio el plato y su cama cada pocos días: un sitio fijo se convierte en propiedad. Y si hay otro perro, come atado y lejos, mandado a su sitio mientras Cheddar come.
Otra versión que funciona: el plato sostenido a la altura de tu cintura. Cada vez que se levanta, el plato vuelve a subir; solo llega al suelo mientras se queda sentado. Con cinco o seis repeticiones basta.
Si no acaba, se retira sin espectáculo: se recoge y ya. Nada de enseñárselo ni de hacer teatro.
Y si gruñe y tú te retiras, acabas de enseñarle que gruñir funciona.